La Educación en Derechos Humanos (EDH) ha emergido como un pilar fundamental para la construcción de sociedades más justas, equitativas y pacíficas. Su importancia ha sido reconocida a nivel global a través de su inclusión en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), particularmente en la meta 4.7, que insta a garantizar que todos los estudiantes adquieran los conocimientos necesarios para promover los derechos humanos y una cultura de paz. La propia UNESCO ha destacado que la EDH puede tener un "impacto positivo en el conocimiento y la comprensión de los derechos humanos por parte de los estudiantes, así como en sus actitudes y comportamientos relacionados con estos".
Sin embargo, a pesar del consenso sobre su importancia, la implementación efectiva de la EDH en los sistemas educativos enfrenta múltiples desafíos. La investigación académica ha identificado una "doble realidad de (in)igualdad" en la educación: mientras los derechos humanos son oficialmente valorados, los sistemas educativos a menudo reproducen las desigualdades que deberían combatir.
Un principio fundamental es que la educación en derechos humanos no es solo un medio para otros fines, sino que constituye un derecho humano en sí mismo. El derecho a la EDH está consagrado en el derecho internacional, lo que implica que los Estados tienen la obligación legal de garantizar su provisión a todos los ciudadanos. Esta dimensión normativa establece que la EDH debe ser sistemática, integral y accesible para todos, no un añadido opcional o dependiente de la voluntad de actores individuales.
La investigación distingue tres dimensiones interrelacionadas de la EDH:
Autores como los que estudian el caso finlandés argumentan que las teorías y prácticas de la EDH son incompletas si se centran solo en los ideales morales abstractos, porque entonces la desigualdad o la injusticia no se enseñan a ver en primer lugar.
La literatura académica revela la existencia de múltiples enfoques de la EDH, que reflejan disputas epistemológicas y políticas sobre su propósito y metodología.
Este enfoque, predominante en las políticas internacionales, se guía por tratados internacionales y se orienta a la transmisión de valores universales (libertad, igualdad, tolerancia) y al conocimiento del sistema legal. Si bien es relevante, tiende a "abstraer los conflictos sociales y la historicidad de las luchas por la dignidad, operando a menudo con un ideal de individuos desvinculados de sus condiciones concretas de existencia". Esta perspectiva ha sido criticada por imponer una visión eurocéntrica de los derechos humanos que puede servir como herramienta de colonización.
El enfoque crítico enfatiza la naturaleza socialmente construida de los derechos y busca "desnaturalizar las relaciones de poder que sostienen las desigualdades". Basado en tradiciones pedagógicas emancipadoras, prioriza la problematización de las injusticias, la escucha activa y el desarrollo de una conciencia política para la transformación social. Investigaciones en contextos como América Latina señalan que, en las escuelas, la EDH ha favorecido "el desarrollo del pensamiento crítico y del uso público de la razón, con efectos en la configuración de la subjetividad política".
Una de las corrientes más innovadoras es la EDH decolonial o pluriversal, que cuestiona los fundamentos epistemológicos y ontológicos del proyecto moderno de derechos humanos. Este enfoque:
En el contexto colombiano, se ha propuesto un marco de "Educación en Derechos Pluriversal" que enfatiza la integración de "diversas formas de conocer en los diálogos sobre educación en derechos humanos" y el fomento de un diseño de políticas participativo e impulsado por la comunidad.
Formación docente inadecuada: la evidencia empírica muestra que la EDH suele abordarse de manera "marginal, fragmentada, optativa y no interdisciplinaria" en la formación del profesorado. Un estudio sobre la formación de maestros en Finlandia reveló que los estudiantes describen una "falta de EDH" y la ven como una parte importante que debería incluirse en su formación profesional.
Brechas entre política y práctica: en muchos países, como Irlanda, aunque "se han dado algunos pasos para articular el objetivo de la EDH en la formulación de políticas", persisten "déficits significativos en la implementación del derecho de cada niño a una educación en derechos humanos significativa". En Colombia, el Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos "se alinea con los mandatos de la ONU, pero su implementación sigue siendo en gran medida simbólica, con un impacto territorial mínimo".
Resistencia política y cultural: la EDH a menudo se encuentra con obstáculos derivados de la "incertidumbre política, la falta de recursos y la resistencia cultural". El auge del autoritarismo, la polarización y el cuestionamiento de los valores comunes representan riesgos para la capacidad de la sociedad de oponerse a la opresión y la injusticia.
La Educación Basada en los Derechos Humanos es un campo complejo y en evolución que trasciende la mera enseñanza de normas legales para abarcar dimensiones políticas y morales fundamentales. Los enfoques críticos y decoloniales ofrecen perspectivas transformadoras que van más allá de la transmisión de valores universales abstractos: proponen una educación que reconozca las raíces históricas de las desigualdades, valore la diversidad de saberes y experiencias, y fomente una ciudadanía global comprometida con la justicia. Como concluyen investigaciones recientes, solo "tomando en serio la injusticia, la educación y la EDH pueden desmantelar las desigualdades".